Hay etapas en las que parece que la vida cambia demasiado rápido.
Los hijos crecen. Los padres envejecen. Las personas que antes estaban cerca toman otros caminos. Cambian los trabajos, las ciudades, las prioridades y hasta la manera en que vemos nuestro propio futuro.
A veces no nos damos cuenta de cuánto ha cambiado nuestra vida hasta que miramos una fotografía antigua, escuchamos una canción de hace años o regresamos a un lugar que guarda recuerdos.
Entonces aparece una pregunta difícil, pero necesaria:
¿Qué cosas siguen teniendo valor cuando todo lo demás cambia?
La Biblia invita en diferentes momentos a reflexionar precisamente sobre el valor del tiempo y sobre la manera en que decidimos vivirlo. El Salmo 90, por ejemplo, presenta una oración que pide aprender a “contar nuestros días” para alcanzar un corazón sabio.
No se trata simplemente de contar los años. Se trata de reconocer que nuestra vida es limitada y que, por eso, nuestras decisiones, relaciones y prioridades importan.
El tiempo nos recuerda qué es verdaderamente importante
Cuando somos jóvenes, es fácil pensar que tendremos tiempo para todo.
Tiempo para visitar a la familia.
Tiempo para decir lo que sentimos.
Tiempo para acercarnos nuevamente a Dios.
Tiempo para hacer aquello que siempre hemos querido hacer.
Pero los años pasan.
Y una de las realidades más difíciles de aceptar es que no podemos detenerlos.
Por eso el Salmo 90 relaciona la conciencia de la brevedad de la vida con la sabiduría. Reconocer que nuestros días son limitados puede ayudarnos a vivirlos de una manera diferente.
Quizás entonces dejamos de posponer conversaciones importantes.
Quizás prestamos más atención a nuestros hijos.
Quizás llamamos a nuestros padres.
Quizás dejamos de medir nuestra vida únicamente por lo que tenemos y comenzamos a preguntarnos por lo que estamos construyendo.
La familia adquiere un valor diferente con el paso de los años
Hay cosas que solamente comprendemos cuando pasa el tiempo.
Una fotografía familiar que antes parecía común puede convertirse en uno de los recuerdos más valiosos.
Una conversación que parecía insignificante puede adquirir un significado completamente diferente años después.
Una tarde con nuestros hijos puede parecer una más hasta que descubrimos que ya crecieron.
El tiempo transforma nuestra percepción de las cosas.
Por eso cuidar las relaciones no debería quedar siempre para después.
La familia, los amigos y las personas que forman parte de nuestra historia no son elementos secundarios de la vida. Son parte de aquello que le da significado.
El propósito también puede cambiar con las etapas de la vida
No siempre queremos lo mismo a los veinte años que a los cincuenta.
Las responsabilidades cambian. Las prioridades cambian. Las circunstancias cambian.
Incluso aquello que alguna vez consideramos indispensable puede dejar de tener importancia.
Esto puede resultar desconcertante, pero también puede convertirse en una oportunidad.
Cada etapa puede llevarnos a preguntarnos nuevamente:
¿Para qué estoy viviendo?
¿Qué quiero dejar en las personas que amo?
¿Qué estoy haciendo con el tiempo que tengo?
¿Qué lugar ocupa Dios en todo esto?
El propósito no tiene que estar relacionado únicamente con una profesión, un reconocimiento o una meta económica. También puede encontrarse en servir, amar, cuidar, enseñar, acompañar y utilizar los dones que hemos recibido.
Hay cosas que permanecen cuando las circunstancias cambian
La vida puede cambiar nuestra situación, pero existen valores que pueden permanecer.
El amor.
La familia.
La fe.
La gratitud.
Los recuerdos.
El deseo de hacer el bien.
La confianza en Dios.
Estas realidades pueden adquirir todavía más importancia cuando comprendemos que el tiempo no es infinito.
El Salmo 90 termina pidiendo que el favor de Dios esté sobre su pueblo y que Él establezca la obra de sus manos.
Es una imagen poderosa: nuestra vida es temporal, pero podemos pedir que aquello que hacemos tenga significado y permanezca.
Mientras haya vida, todavía podemos responder
Esta reflexión también nos lleva a una verdad sencilla:
Mientras estamos vivos, todavía podemos elegir cómo responder.
Podemos agradecer.
Podemos pedir perdón.
Podemos amar mejor.
Podemos acercarnos a Dios.
Podemos reconciliarnos.
Podemos comenzar algo nuevo.
Podemos utilizar nuestra voz para transmitir un mensaje que tenga significado.
La vida no tiene que ser perfecta para tener propósito.
Incluso después de temporadas difíciles, todavía existe la posibilidad de levantar la mirada y reconocer aquello que permanece.
La música también puede convertirse en memoria
La música tiene una relación especialmente fuerte con nuestras emociones y recuerdos. La investigación sobre música y memoria ha encontrado que la música puede evocar recuerdos autobiográficos y está estrechamente relacionada con la experiencia emocional.
Por eso una canción puede acompañarnos durante una etapa determinada y, años después, devolvernos a un momento específico de nuestra historia.
Una melodía puede recordarnos a alguien.
Una letra puede devolvernos una oración.
Una canción puede convertirse en parte de una memoria familiar.
Y también puede ayudarnos a expresar algo que no siempre sabemos decir con nuestras propias palabras.
“Mientras Viva”: una canción sobre una decisión
Esta idea está presente en “Mientras Viva”, una composición de Adolfo Music inspirada en el lenguaje de adoración del Salmo 104.
La canción contempla la grandeza de las obras de Dios y expresa una respuesta sencilla pero profunda: mientras exista vida, existe una razón para cantar a Dios.
El Salmo 104 termina precisamente con una expresión de alabanza al Creador, después de recorrer imágenes de la creación, sus criaturas y la sabiduría con la que todo ha sido hecho.
Por eso “Mientras Viva” no habla únicamente de cantar.
Habla de una actitud.
De decidir que, mientras tengamos vida, podemos reconocer a Dios, agradecer y utilizar nuestra voz para exaltar al Creador.
¿Qué quieres que permanezca de tu vida?
Tal vez esta sea una de las preguntas más importantes que podemos hacernos.
No cuánto dinero tendremos.
No cuántas cosas podremos comprar.
No cuántos reconocimientos recibiremos.
Sino:
¿Qué quedará en las personas después de nosotros?
Quizás sean las conversaciones con nuestros hijos.
Las enseñanzas que transmitimos.
La manera en que tratamos a nuestra familia.
La fe que compartimos.
Las canciones que dejamos.
Los momentos en los que estuvimos presentes cuando alguien nos necesitaba.
El amor que dimos.
El testimonio de cómo enfrentamos las dificultades.
El tiempo no se puede recuperar. Por eso vale la pena decidir qué hacemos con el que todavía tenemos.
Una canción para recordar que todavía hay tiempo
“Mientras Viva” nace de esa convicción: mientras exista vida, todavía podemos cantar, agradecer y reconocer la grandeza de Dios.
Si estás atravesando una nueva etapa, si los años parecen estar pasando demasiado rápido o simplemente necesitas detenerte y recordar qué cosas tienen verdadero valor, esta canción puede acompañarte en ese momento.
Conoce “Mientras Viva” y descubre el mensaje detrás de esta composición de Adolfo Music.
Porque mientras viva, todavía hay una canción que cantar.
Y mientras haya vida, todavía hay una oportunidad para vivir con propósito.
